EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO

 

 

El trabajo 
"L
a ociosidad es enemiga del alma; por eso han de ocuparse las hermanas a unas horas determinadas en el trabajo manual... porque así son verdaderas monjas, cuando viven del trabajo de sus propias manos, como nuestros Padres y los apóstoles" . 
(Regla  de San Benito, Cap. XLVIII).

   

 

EL TRABAJO

El trabajo, sobre todo el manual, que ofrece a las monjas la ocasión de participar en la obra divina de la creación y restauración, y comprometerse en el seguimiento de Cristo, goza siempre de alta estima en la tradición cisterciense.  El trabajo, arduo y redentor, procura la subsistencia a las monjas y a otras personas, especialmente a los pobres, y es signo de solidaridad con el mundo obrero.  Es además ocasión de una ascesis fecunda que ayuda al desarrollo y madurez de la persona, favorece la salud física y psíquica y contribuye sobremanera  a la cohesión de la comunidad.  (Constitución 26).

 

Este número de nuestras Constituciones, hace una buena síntesis de la teología y espiritualidad del trabajo, afirma en primer lugar:

    * "que es una participación en la obra creadora y redentora de Dios y resalta el realismo en el seguimiento de CristoAl trabajar, ejercemos una actividad creadora que es un reflejo de la de Dios.  Porque Dios es el primer y supremo trabajador que hizo el Universo, y continúa trabajando en la conservación de las criaturas y con sus intervenciones en la historia humana.  Toda la creación refleja las perfecciones divinas pero sólo el hombre es capaz de imitarle en su actividad creadora, por medio de su cooperación libre e inteligente en la obra de perfeccionar y transformar el mundo material.  Cristo es el Artífice divino, la manifestación encarnada de Dios en el mundo.  Vino a realizar la obra de su Padre: "Mi Padre trabaja hasta ahora, y yo también trabajo" (Jn. 5, 17)"Tenemos que trabajar en las obras del que me ha enviado mientras es de día; llega la noche, cuando nadie puede trabajar (Jn. 9,4).  Jesús vino a rehacer el mundo destruido por el mal, y asumió el trabajo humano.  En su vida oculta trabajó como artesano en Nazaret; entonces, y durante su vida pública, experimentó el cansancio y el agotamiento.  Los cristianos, y por tanto las monjas estamos llamados a una vida de trabajo en el servicio de Cristo.  Como miembros de su Cuerpo Místico, cooperamos a que se realice el plan divino, por medio de la extensión progresiva de la redención en favor de todos los hombres.

Igualmente, esta constitución hace notar los valores que se siguen del trabajo, a los que hoy somos tan sensibles:

    * procura la subsistencia propia, permite compartir los bienes, especialmente con los pobres, y nos hace solidarios con el mundo del trabajo.  El deseo de San Benito, es decir, lo ideal, es que el trabajo de las monjas sea el medio ordinario de mantener a la comunidad y  socorrer a los pobres.  Así por el humilde trabajo, se experimenta una mayor unidad a Jesús, Señor nuestro.

 * es una ascesis realista, que favorece la madurez de la persona y la salud física y psíquica y también contribuye a la cohesión de la comunidad.  Los monjes antiguos hacían del trabajo manual uno de los principales ejercicios ascéticos para progresar en la perfección.  San Jerónimo insistía en que sus monjes "trabajaran con sus manos no sólo para ganarse el pan, sino ante todo para el bien de su alma".   El trabajo disciplina a la monja contra la inconstancia, contra la tentación de evadirse de la realidad y con ello fomenta el espíritu de recogimiento y de humildad.   Y por último, realmente el trabajo nos une y nos purifica comunitariamente, ya que nos obliga a salir de nosotras mismas y a ocuparnos de las necesidades de las demás.

 

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