EL   VIVIR  MONÁSTICO  CONTEMPLATIVO

 

  La vida de oración
Nuestro vivir monástico está íntegramente ordenado a la contemplación.  Por eso las monjas se dedican al culto divino según la Regla de san Benito dentro del recinto del monasterio.  En soledad y silencio, en oración constante y gozosa penitencia, ofrecen a la Divina Majestad un servicio humilde y digno a la vez. (Constitución 2)
 

 

La oración es la realidad de nuestra vida que expresa más concretamente nuestra proyección hacia Dios en cuanto acto unificante de todo nuestro ser.

En general podemos decir que la oración es relación.  Sería la forma más amplia, más sencilla y más fácil de presentar la oración: Es relación, es diálogo, es comunicación, es amistad, es comunión con Dios.  Para esta relación, para esta comunicación y diálogo hemos sido creados por Dios.  Esto significa que cuando Dios nos creó, nos creó dialogales, comunicantes o comunicables; nos creó para ser criaturas orantes.

Fundamento antropológico:  En cuanto personas humanas somos uno en relación, somos yo mismo abierto al tú de los demás, somos dialogales.  Tenemos necesidad de comunicación y de comunión, y la experiencia nos enseña que esta necesidad solamente se sacia cuando aquel con quien nos comunicamos es absoluto, infinito, es decir, DIOS.

Nuestras relaciones humanas siempre tienen sus límites, porque en el fondo tenemos una necesidad absoluta de comunicación y de comunión con el Infinito y el Absoluto.  Hemos sido creados orantes y para orar. 

Fundamento teologal:  La oración es una actividad teologal antes de ser una actividad psicológica.  La oración es una comunicación que comienza en Dios.  La oración es una gracia, un don:  Nadie puede forzar a Dios a comunicarse con nosotros.  Y si la oración comienza desde Dios, la oración es don y es gracia.  Dios mismo cuando nos habla, nos capacita para responder.  Así como amándonos nos hace amables, capaces de amar y recibir amor, así también hablándonos nos hace comunicantes, nos hace capaces de respuesta.

¿Cómo se expresa en nuestra vida cotidiana esta amistad, esta relación, este diálogo, esta comunicación, esta comunión con Dios?

En nuestra vida monástica se expresa a través de la Liturgia y de la Escritura: son los fundamentos de la oración cristiana y monástica.  "Se escucha diariamente la Palabra de Dios, se ofrece a Dios Padre el sacrificio de alabanza, se participa en el Misterio de Cristo y se realiza la obra de santificación por el Espíritu Santo" (Constitución 17,1)

 

  La celebración de la Eucaristía:  La Eucaristía es manantial y cumbre de toda vida cristiana y de la comunión de las hermanas en Cristo; por eso se celebra diariamente por toda la comunidad.  De hecho, las hermanas se unen más íntimamente entre sí y con toda la Iglesia por la participación en el Misterio Pascual del Señor. 
 (C. 18)
 

 

 

 

El Opus Dei:   Nada se anteponga al  Opus Dei.  Por ello la comunidad celebra la Liturgia de las Horas que cumple, en unión con la Iglesia, la función sacerdotal de Cristo, ofreciendo a Dios un sacrificio de alabanza e intercediendo por la salvación de todo el mundo.  Este Opus Dei (Oficio Divino) se prolonga a lo largo del día, mediante el constante "recuerdo de Dios". 
(C. 19)

 
   

 

 

 

La Lectio Divina: La lectio divina asidua fomenta sobremanera la fe de las hermanas en Dios.  Esta excelente práctica de la vida monástica, en la que, a ejemplo de María se escucha y rumia la Palabra de Dios, es fuente de oración y escuela de contemplación en la que la monja dialoga con Dios de corazón a corazón. 
(C. 21)

 

Historia  Vida Litúrgica  Vida Fraterna  Trabajo  Actualidad  Contacta  Album de fotos

Portada